La Musica de la Mami Olga

Procedencia de la musica en la familia

Andrés Urrea

1/23/20262 min read

La Musica de la Mami Olga

Hay una fotografía que siempre me detiene. En ella, la Mami Olga está tocando el arpa. No es solo una imagen bonita: es una puerta directa a mi infancia, a un tiempo donde la vida tenía otro tempo, otro sonido.

Tuve la suerte de vivir con ella durante muchos años, hasta mis once, en la casa de Carlos Medina, mientras mis padres trabajaban. Mi mundo cotidiano era la abuela. Y uno de los rituales más bellos —de esos que no se olvidan jamás— ocurría cada mañana en el comedor.

Tomábamos té frente a frente, sentados a esa mesa que hoy vive solo en la memoria. La ventana estaba abierta, porque era primavera o verano, y desde ahí se veía el cerro San Cristóbal con la Virgen arriba, silenciosa, presente. La luz entraba suave, y el día comenzaba sin apuro.

Después del desayuno, casi como algo natural, la abuela tomaba su guitarra. . Y empezaba a tocar de una forma especial.

Eran tonadas de campo, composiciones simples, con ese ritmo tan de tierra de corazón. Nada académico, nada estudiado. Música viva. Aprendida de oído, de cuerpo, de tradición. La abuela había aprendido guitarra y arpa con su madrina Carlota, y tocaba los acordes de una forma muy especial, muy criolla. Recuerdo ese Sol que armaba desde el pulgar hacia arriba, una manera extraña para quien estudia música, pero absolutamente coherente para quien la siente.

Su música no sonaba a partitura: sonaba a Limache, a campo, a historia oral. Tenía algo de lo que después reconocí en Violeta Parra, pero aún más primitivo, más directo. Era música que no buscaba escenario, sino compañía.

Con el tiempo entendí que ahí nació algo en mí. Esa conexión con las cuerdas, con la vibración, con el sonido como experiencia profunda. No es casual que más adelante haya estudiado sonido, que la música se haya vuelto parte esencial de mi vida. Creo que todo parte ahí, en esas mañanas con la abuela tocando.

Y no solo en mí. Ese legado se expandió. Mis primos también lo llevan:
Rodolfo, componiendo su propia música.
Cristian, su conexión con el canto nuevo.
Claudio, tocando la guitarra de la abuela, su tizona, como si el instrumento guardara memoria.

Todos, de alguna forma, heredamos esa armonía que ella sembró sin saberlo, simplemente siendo ella.

Por eso esta fotografía me gusta tanto. Porque no es solo la Mami Olga tocando el arpa.
Es el origen de una beta musical familiar, una procedencia, una raíz que sigue vibrando en nosotros.

La música de la abuela no terminó con ella.
Sigue sonando, bajito pero firme, cada vez que alguien de la familia toma una guitarra, canta o simplemente escucha con el corazón abierto.